H. G. Wells: “History is a race between education and catastrophe”.

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viernes, 8 de marzo de 2019

Matar a Franco

José María Ruiz-Gallardón (padre del luego alcalde de Madrid y ministro de Justicia del gobierno Rajoy, Alberto) nos recibió con los brazos abiertos, y yo le expuse la idea de Tanines de matar a Franco. Ante lo cual, el docto abogado no se inmutó para nada y nos espetó, lacónicamente:

Me parece bien. Lo de acabar con Franco no es mala idea. Pero todo tiene unos ciertos trámites, y para hacerlo con garantía, sin que tenga para los promotores las secuelas que en otro caso serían de esperar, necesitaríamos que de tal operación se encargara un gánster de Chicago. Esto es, un verdadero profesional debidamente experimentado. Y para eso, pequeño detalle, haría falta un millón de dólares. Cuando dispongáis de esa cantidad, volved por aquí, y yo me ocuparé de las gestiones del caso...

Naturalmente, el "proyecto Tanines" no tuvo mayor continuidad.

Ramón Tamames, Más que unas memorias, RBA, Barcelona, 2013.

viernes, 22 de febrero de 2019

Guido Menzio

El 6 de mayo de 2016 el economista Guido Menzio fue sacado de un avión a punto de despegar de Filadelfia por parte de la policía, alertada por una pasajera recelosa de un extranjero que escribía extraños símbolos y no charlaba con ella. El profesor estaba simplemente estudiando una ecuación, pero para su desgracia le tocó al lado una idiota en un país que se ha vuelto paranoico por el miedo al terrorismo.

Piergiorgio Odifreddi, Diccionario de la estupidez, Editorial Malpaso, Barcelona, 2018.

viernes, 15 de febrero de 2019

Caulerpa taxifolia

El daño que Cousteau hizo al Mediterráneo todavía trae de cabeza a muchos científicos que intentan parar la proliferación de una alga asesina que pone en peligro el ecosistema de nuestro mar.

Vamos por partes que vienen palabras raras. En el Museo Oceanográfico de Cousteau, en Mónaco, se exhibían peces y plantas marinas de todo el mundo. Una de estas era la Caulerpa taxifolia, una alga proveniente de los mares tropicales, donde su crecimiento es lento y moderado. Hasta aquí, nada que decir.

Pero, un buen día, en Mónaco deciden limpiar los tanques de agua porque en las paredes de los mismos prolifera precisamente esta alga y vierten los restos de la limpieza de los acuarios al mar. Y empieza el desastre. Las costas de la Riviera francesa, las italianas y las españolas se ven invadidas por un nuevo ser que lo arrasa todo a su paso. En muy poco tiempo, la Caulerpa taxifolia coloniza más de tres mil trescientas hectáreas de costa.

Malcolm Otero, Santi Giménez, El club de los execrables, Ediciones B, Barcelona, 2018.

viernes, 8 de febrero de 2019

Dudley Clarke

Durante las batallas en el desierto del norte de África en la Segunda Guerra Mundial, el teniente inglés Dudley Clarke dirigió una campaña para engañar a los alemanes. Una de sus tácticas fue usar utilería —tanques y artillería de imitación— para impedir a los alemanes deducir el tamaño y ubicación del ejército inglés. Desde aviones de reconocimiento de vuelo alto, esas armas de imitación parecerían reales en fotografías. Un elemento de utilería que funcionó particularmente bien fue un avión de madera; Clarke llenó campos de aterrizaje falsos con filas de ellos por todas partes. En cierta ocasión, un preocupado oficial le dijo que habían interceptado inteligencia que revelaba que los alemanes habían hallado la manera de distinguir a los aviones falsos de los reales: simplemente buscaban los puntales de madera que sostenían las alas de los aviones de imitación (fotos amplificadas podían revelar esto). Tendrían que dejar de usar los aviones falsos, dijo el oficial. Pero Clarke, uno de los grandes genios del engaño moderno, tuvo una idea mejor: decidió poner puntales bajo las alas tanto de aviones reales como de los falsos. Con el engaño original, los alemanes se confundieron, pero después descubrieron la verdad. Esta vez, sin embargo, Clarke llevó el juego a un nivel más alto: el enemigo no podía distinguir en general los aviones reales de los falsos, lo cual era aún más desconcertante.

Robert Greene, Las 33 estrategias de la guerra, Espasa, Madrid, 2007.

viernes, 1 de febrero de 2019

Bombas atómicas

En 1945, diez científicos atómicos alemanes, entre los cuales había tres premios nobel, fueron capturados por un comando estadounidense, llevados a un refugio de los servicios secretos ingleses y espiados noche y día sin que lo supieran. Sus conversaciones, desclasificadas y publicadas en 1992, revelan que los “malvados” científicos alemanes eran éticamente más sensibles que los “buenos” científicos aliados y se quedaron trastornados por el hecho de que sus colegas se hubieran prestado a fabricar las bombas atómicas usadas en Japón.

Piergiorgio Odifreddi, Diccionario de la estupidez, Editorial Malpaso, Barcelona, 2018.

viernes, 25 de enero de 2019

Táctica y estrategia

El comandante traza un plano de la batalla en la tierra seca. Pone mucho cuidado en la ejecución, gran meticulosidad en el reparto de posiciones, hace un cálculo exacto de la capacidad del enemigo y de las posibilidades en favor o en contra. Pero al final la batalla se gana por mera casualidad o por la iniciativa renuente de dos o tres bravos que no entendieron nada de las explicaciones, que no saben nada, que no pueden diferenciar la estrategia de la táctica –que ni siquiera conocen estas palabras.

Guillermo Cabrera Infante, Vista del amanecer en el trópico, Seix Barral, Barcelona, 1974.

viernes, 18 de enero de 2019

Donald Trump


El actor Daniel Radcliffe (1989) describió al presentador Seth Meyer cómo, a sus once años de edad, se enfrentó a su primera entrevista televisada durante la promoción de la primera entrega de Harry Potter. Al parecer, allí, en el backstage, se encontró a Donald Trump (1946), que era otro de los entrevistados en ese mismo programa. Según contó el intérprete británico, alguien le dijo a Trump: "¿Quiere conocer al niño que interpreta a Harry Potter?". Trump, entonces empresario multimillonario y celebridad televisiva, pero todavía no candidato republicano a presidente de Estados Unidos, se acercó a Radcliffe y le preguntó qué tal estaba.
–Estoy muy nervioso. No sé qué voy a contar en el programa.
–Cuenta que has conocido a Donald Trump –le respondió Donald Trump.

Gregorio Doval, El pequeño libro de las grandes anécdotas, Alienta, Barcelona, 2017.

viernes, 11 de enero de 2019

Todos somos viajeros

En la actualidad todos somos viajeros. Cuando volvemos la vista hacia nuestra infancia, recordamos un mundo bastante distinto de aquel en el que vivimos ahora. Cuando escribo estas palabras tengo cincuenta y un años. Entre las cosas que hoy damos por supuestas y que no existían o acababan de ser descubiertas se encuentran la televisión; las vacunas de la polio, las paperas, el sarampión y la varicela (a mí me las pusieron todas menos la primera, aunque no contraje la varicela hasta los cuarenta y tres años); los alimentos congelados; los aviones a reacción; el divorcio sin culpa; la mayoría de los antibióticos, aunque no todos; las cintas de audio y vídeo; los viajes espaciales y la mayor parte de las cosas que sabemos de astronomía (en los años cincuenta, los canales de Marte y los océanos de Venus eran temas propios de ciencia ficción dura); las píldoras anticonceptivas; los hornos de microondas; los derechos civiles, los derechos de las mujeres, los derechos de los homosexuales y los movimientos ecologistas; las autopistas y el sistema de carreteras interestatal; el rock and roll; los láser; los discos compactos; las misas en lengua vernácula y no en latín; los ordenadores, la pornografía legal; el correo electrónico; la bomba de hidrógeno; los trasplantes de órganos e Internet.

Harry Turtledove en AA.VV., La Tierra Media, Minotauro, Barcelona, 2004.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Derecha e izquierda

Yo le oí contar a un diplomático, hace muchísimo tiempo, que cuando se hizo el primer ensayo parlamentario en Turquía, el presidente de la Cámara dijo: "En este sistema político hay la costumbre, en el mundo entero, de que todos los partidarios del sultán y del gobierno se sienten en los bancos de la derecha, y los enemigos, en los de la izquierda".

Entonces, todos los diputados se precipitaron a los bancos de la derecha y dejaron vacíos los de la izquierda.

Pío Baroja, Desde la última vuelta del camino, 4. Galería de tipos de la época, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997.

viernes, 16 de noviembre de 2018

No hay nada que justifique tanto optimismo

6 de abril de 1957 (sábado)

He hablado con el Caudillo sobre el asunto del petróleo en Jaén y me dice que son rumores exagerados y demasiado optimistas que no sirven para otra cosa que para ponernos en ridículo en el mundo.

"Puede haber petróleo —me dice—, pero en la actualidad no hay nada que justifique tanto optimismo, ni mucho menos".

Francisco Franco Salgado-Araujo, Mis conversaciones privadas con Franco, Planeta, Barcelona, 1976.

viernes, 26 de octubre de 2018

La mamandurria de Valle-Inclán


Yo, la primera vez que supe que Valle-Inclán estaba empleado hará ya, supongo, cuarenta años. En la terraza de un café de la calle de Alcalá estábamos Valle-Inclán y yo y otros dos desconocidos cuando pasó Julio Burell.

—Don Ramón —dijo uno de los desconocidos—, ahí le tiene usted a nuestro jefe.

Valle-Inclán se hizo el distraído, desvió la conversación y se puso a hablar con otros. El desconocido me dijo con malicia:

—¿Ha visto usted cómo a don Ramón le molesta que le hablen del jefe?

—¿De qué jefe?

—Pues de Burell, que es subsecretario; nos ha empleado a los dos, y, naturalmente, no vamos a la oficina.

A mí no me parece mal que un hombre tenga un empleo y que lo sirva. Tampoco me parece mal que el Estado dé algunas sinecuras a escritores, a investigadores o artistas que no tengan medios de vivir. Lo que me parece un poco ridículo es, viviendo de una protección, alardear de independiente.

Pío Baroja, Desde la última vuelta del camino, 1. El escritor según él y según los críticos, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997.

viernes, 19 de octubre de 2018

La recompensa lo valía

Cuando los Aliados llegaron a Chartres, descubrieron que los nazis habían colocado veintidós cargas de detonación en puentes y demás estructuras de los alrededores, lo cual podría haber provocado daños a la catedral e incluso su derrumbe.

El experto en demoliciones Stewart Leonard, quien tras el fin de las hostilidades se convertiría en oficial de Monumentos, ayudó a desactivar las cargas y salvar la catedral. Como más tarde le confiaría a su compañero Bernie Taper tomando unas copas en un apartamento berlinés, "lo bueno de estar en la unidad de artificieros es que los oficiales no te miran por encima del hombro".

Pero Taper quería saber si el arte valía la vida de una persona. Como al resto de miembros de la sección, la pregunta lo intrigaba.

—Yo tuve que elegir —respondió Leonard—. Y elegí desactivar las cargas. La recompensa lo valía.

—¿Qué recompensa?

—Cuando terminé, fui a sentarme a la catedral de Chartres, que se había salvado en parte gracias a mí, durante una hora. Estaba solo.

Robert M. Edsel, The Monuments Men, Destino, Barcelona, 2012.

viernes, 12 de octubre de 2018

Lo que me había impresionado más


1938. Cuando me marchaba de la India la gente me preguntaba qué era de todo lo visto lo que me había impresionado más. Contesté como esperaban que contestaría. Pero no era ni el Taj Mahal, ni los ghats de Benarés, ni el templo de Madura, ni las montañas de Travancore lo que más me había emocionado; era el campesino, terriblemente demacrado, sin otra ropa para cubrir su desnudez que una tira de tela del color de la tierra que trabajaba, el campesino tiritando de frío durante el alba, sudando bajo el calor del mediodía, trabajando hasta que el sol se ponía rojo detrás de los campos abrasados; el campesino extenuado, trabajando sin cesar en el norte, en el sur, en el este y en el oeste, trabajando en las vastas extensiones de la India, trabajando como todos han trabajado de padres a hijos, desde hace tres mil años, desde que los arios se fijaron en el país, trabajando por un mísero sustento, con la única esperanza de nutrir el cuerpo y el alma. De todo cuanto vi en la India, esta visión fue la que quedó más profundamente grabada en mí.

William Somerset Maugham, Cuadernos de un escritor, Península, Barcelona, 2001.

viernes, 5 de octubre de 2018

El Valle de los Caídos

30 de julio de 1957 (martes). Valle de los Caídos.

Con ocasión de mi estancia en El Escorial, estuve hace dos días en el Valle de los Caídos, visitando el magnífico monumento creado por Franco para conmemorar la Cruzada y enterrar allí a los caídos de la misma.

La prensa extranjera se ocupa mucho de esta obra de Franco y dicen que éste desea que guarde sus restos mortales. Aunque seguramente le enterrarán allí, no creo que él lo hiciera pensando en esto, sino para perpetuar la victoria sobre el comunismo; tal vez haya querido imitar a Felipe II, que levantó el monasterio de El Escorial para conmemorar la batalla de San Quintín.

Según mis noticias las obras se pagaron con el sobrante del importe de la suscripción nacional que se hizo a raíz de la Cruzada y que administra el ministro de la Gobernación, y se terminaron con el beneficio de un sorteo especial de la lotería. El antiguo ministro don Blas Pérez debe estar perfectamente enterado de todo este asunto, la forma de administrar los fondos, comprobantes, etc.

Esta obra está exclusivamente inspirada por Franco hasta en los más mínimos detalles. Él fue quien hizo los diseños de los adornos de los altares, de los relieves del pórtico con escenas de la Pasión, etc., etc.

En España no hay ambiente para ese monumento, pues aunque dure el miedo a otra guerra civil, gran parte de la población tiende a perdonar y a olvidar. No creo que ni los familiares de los blancos ni de los rojos sientan deseos de que sus deudos vayan a la cripta, que si sólo es para los blancos establecerá para siempre una eterna desunión entre los españoles.

Francisco Franco Salgado-Araujo, Mis conversaciones privadas con Franco, Planeta, Barcelona, 1976.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Uniforme de mujeres en el ejercicio de la política


No tenemos ningún modelo del aspecto que ofrece una mujer poderosa, salvo que se parece más bien a un hombre. La convención del traje pantalón, o como mínimo de los pantalones, que visten tantas líderes políticas, desde Angela Merkel hasta Hillary Clinton, puede ser cómoda y práctica. Esta forma de vestir puede que sea indicativa del rechazo a convertirse en un maniquí, destino de muchas de las esposas de los políticos, pero también puede que sea una táctica —‌como la de bajar el timbre de la voz— para que las mujeres parezcan más viriles y así puedan encajar mejor en el papel del poder.

Mary Beard, Mujeres y poder, Crítica, Barcelona, 2018.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Toba


La última erupción de un supervolcán en la Tierra se produjo en Toba, en el norte de Sumatra, hace 74.000 años. Nadie sabe exactamente lo grande que fue, pero desde luego fue tremenda. Los testigos de hielo de Groenlandia muestran que a la explosión de Toba siguieron como mínimo seis años de "invierno volcánico" y Dios sabe cuántas estaciones de escaso crecimiento después de eso. El acontecimiento se cree que pudo llevar a los seres humanos hasta el borde de la extinción, reduciendo la población global a sólo unos cuantos millares de individuos. Eso significaría que todos los seres humanos modernos surgieron de una base de población muy pequeña, lo que explicaría nuestra carencia de diversidad genética. En todo caso, hay ciertas pruebas que sugieren que, durante los 20.000 años siguientes, el número total de habitantes de la Tierra no llegó a ser nunca superior a unos cuantos miles. No hace falta decir que es mucho tiempo para dedicarlo a recuperarse de una sola erupción volcánica.

Bill Bryson, Una breve historia de casi todo, RBA, Barcelona, 2014.

viernes, 22 de junio de 2018

Ardua y peligrosa empresa


Convertir a los paganos era una empresa ardua y peligrosa. El reverendo Carl S. Volkner llegó a Nueva Zelanda en la década de 1850; los maoríes de Opotiki le perdieron el respeto tras instarlos a que desistieran de derramar sangre cuando en 1865 estalló la guerra con un clan rival. Uno de los jefes de Opotiki lo colgó, le disparó y lo decapitó en su propia iglesia, bebió su sangre y se comió sus dos ojos.

Niall Ferguson, El imperio británico. Cómo Gran Bretaña forjó el orden mundial, Debate, Barcelona, 2005.

viernes, 15 de junio de 2018

Obdulio Varela

Obdulio Valera
Yo era chiquilín y futbolero, y como todos los uruguayos estaba prendido a la radio, escuchando la final de la Copa del Mundo. Cuando la voz de Carlos Solé me transmitió la triste noticia del gol brasileño, se me cayó el alma al piso. Entonces recurrí al más poderoso de mis amigos. Prometí a Dios una cantidad de sacrificios a cambio de que Él se apareciera en Maracaná y diera vuelta el partido.
Nunca conseguí recordar las muchas cosas que había prometido, y por eso nunca pude cumplirlas. Además, la victoria de Uruguay ante la mayor multitud jamás reunida en un partido de fútbol había sido sin duda un milagro, pero el milagro había sido más bien obra de un mortal de carne y hueso llamado Obdulio Varela. Obdulio había enfriado el partido, cuando se nos venía encima la avalancha, y después se había echado el cuadro entero al hombro y a puro coraje había empujado contra viento y marea.
Al fin de aquella jornada, los periodistas acosaron al héroe. Y él no se golpeó el pecho proclamando que somos los mejores y no hay quien pueda con la garra charrúa:
–Fue casualidad –murmuró Obdulio, meneando la cabeza. 
Y cuando quisieron fotografiarlo, se puso de espaldas.
Pasó esa noche bebiendo cerveza, de bar en bar, abrazado a los vencidos, en los mostradores de Río de Janeiro. Los brasileños lloraban. Nadie lo reconoció. Al día siguiente, huyó del gentío que lo esperaba en el aeropuerto de Montevideo, donde su nombre brillaba en un enorme letrero luminoso. En medio de la euforia, se escabulló disfrazado de Humphrey Bogart, con un sombrero metido hasta la nariz y un impermeable de solapas levantadas.
En recompensa por la hazaña, los dirigentes del fútbol uruguayo se otorgaron a sí mismos medallas de oro. A los jugadores les dieron medallas de plata y algún dinero. El premio que recibió Obdulio le alcanzó para comprar un Ford del año 31, que fue robado a la semana.

Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra, Siglo XXI, Madrid, 1995.

viernes, 8 de junio de 2018

¡Ahora sí ganamos la guerra!

El 17 de enero, en la finca de Mongo Pérez, en Cinco Palmas, en Purial de Vicana, se abrazaron los dos hermanos guerrilleros: “¿Cuántos fusiles traes?”, pregunta Fidel a Raúl. “Cinco”. “Y dos que tengo yo, siete... ¡Ahora sí ganamos la guerra!”. Sobre esto el propio Raúl diría después que él y otros compañeros pensaron que Fidel se había vuelto loco.

Luis Hernández Serrano, Historias con lupa, Editora Abril, La Habana, 2013.

viernes, 1 de junio de 2018

Supermercado Potemkin


Hace unos años, un piloto soviético desertó para huir a Occidente con un Mig último modelo; con el tiempo lo llevaron a un supermercado de California, y pensó que lo habían preparado especialmente para él, como una aldea Potemkin. La idea de que eso fuera algo cotidiano para doscientos cincuenta millones de estadounidenses le resultaba incomprensible.

Paul Johnson, Al diablo con Picasso y otros ensayos, Javier Vergara Editor, Buenos Aires, 1998.