H. G. Wells: “History is a race between education and catastrophe”.

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lunes, 17 de septiembre de 2012

4º CC.SS. - TEMA 0 - Vortigern invites the Saxons



A British Prince named Vortigern took this resolution: to invite the Saxons to come into their country, and help them to keep out the Picts and Scots. Vortigern made a treaty of friendship with Hengist and Horsa, two Saxon chiefs. Both of these names, in the old Saxon language, signify Horse; for the Saxons, like many other nations in a rough state, were fond of giving men the names of animals, as Horse, Wolf, Bear, Hound. The Indians of North America,—a very inferior people to the Saxons, though—do the same to this day.



Hengist and Horsa drove out the Picts and Scots; and Vortigern, being grateful to them for that service, made no opposition to their settling themselves in that part of England which is called the Isle of Thanet, or to their inviting over more of their countrymen to join them. But Hengist had a beautiful daughter named Rowena; and when, at a feast, she filled a golden goblet to the brim with wine, and gave it to Vortigern, saying in a sweet voice, "Dear King, thy health!" the King fell in love with her. My opinion is, that the cunning Hengist meant him to do so, in order that the Saxons might have greater influence with him; and that the fair Rowena came to that feast, golden goblet and all, on purpose.

At any rate, they were married; and, long afterwards, whenever the King was angry with the Saxons, or jealous of their encroachments, Rowena would put her beautiful arms round his neck, and softly say, "Dear King, they are my people! Be favourable to them, as you loved that Saxon girl who gave you the golden goblet of wine at the feast! And, really, I don’t see how the King could help himself.

Ah! We must all die! In the course of years, Vortigern died—he was dethroned, and put in prison, first, I am afraid; and Rowena died; and generations of Saxons and Britons died; and events that happened during a long, long time, would have been quite forgotten but for the tales and songs of the old Bards, who used to go about from feast to feast, with their white beards, recounting the deeds of their forefathers. Among the histories of which they sang and talked there was a famous one, concerning the bravery and virtues of King Arthur, supposed to have been a British Prince in those old times. But, whether such a person really lived, or whether there were several persons whose histories came to be confused together under that one name, or whether all about him was invention, no one knows.

Charles DICKENS, A Child's History of England.


www.gutenberg.org

sábado, 30 de junio de 2012

Libros para ser libres

El Gobierno de Brasil publicó el lunes pasado en el Diario Oficial de la Unión que recortará, en las cuatro prisiones federales en las que están confinados los reclusos más relevantes del país, cuatro días de condena por libro leído durante un mes. Si los penados son diligentes podrán ver reducida su condena en 48 días por año, si consiguen leer 12 obras y redactar sus correspondientes informes. No valdrá cualquier cosa. En la nota se explica que en esos textos deben “hacer un uso correcto de los párrafos, estar libre de correcciones y utilizar los márgenes y una escritura legible”.

No es poca cosa si se tiene en cuenta que de los 513.000 reclusos que hay en Brasil, sobre una población de 191 millones de habitantes, un informe de 2005 aseguraba que un 70% de ellos no había completado la escolarización básica. Tampoco sirve cualquier libro. Solo valen los de literatura, filosofía, ciencia y los clásicos. La idea que alienta la iniciativa es que nunca viene mal ilustrarse un poco.

Para los que creen que la lectura es capaz de transformar a una persona, la medida es oportuna, sobre todo si consideran que el cambio que produce es para bien. Los más escépticos seguro que aceptan que, cuando menos, mientras estén embarcados en un libro los presos no tendrán tiempo de hacer cosas peores. No conviene olvidar tampoco que la iniciativa ayudará al sector editorial, cada vez más frágil por la crisis: las bibliotecas de esas cuatro cárceles federales tendrán que estar mejor surtidas.

Falta saber si se tendrá en cuenta el tamaño de cada libro. ¿Colará Paulo Coelho, que tanto éxito tiene en Brasil, como literatura, o los funcionarios tendrán criterios más rigurosos? ¿Servirán los libros de autoayuda, que tanto se consumen hoy, si se los hace pasar por filosofía? ¿Valen como ciencia esas colecciones de hechos prodigiosos que se disfrazan con los ropajes del rigor académico? ¿Se aceptará como clásico un resumen de la Biblia hecho en cómic? El diablo está en los detalles, y habrá que ver cuán exigentes son los reglamentos para otorgar esa bendición de cambiar condena por un poco de ilustración. Eso sí, siempre que los presos no consideren la lectura un castigo más severo que los trabajos forzados.

El País, sábado 30 de junio de 2012.


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martes, 19 de junio de 2012

3º E.C.D.H. - TEMA 7 - Domingo Faustino Sarmiento, a favor de la educación pública



Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) fue un escritor y político argentino. Su libro más admirado es Facundo o Civilización y barbarie (1845), obra clásica de la literatura argentina, que critica la dictadura embrutecedora de Juan Manuel de Rosas (1835-1852), la primera de las largas tiranías en la historia de Argentina. Sarmiento fue presidente de su país entre 1868 y 1874. Su lema fue "gobernar es educar". La presidencia de Sarmiento se centró en la promoción de la educación y el desarrollo de las comunicaciones; favoreció la llegada de inmigrantes, que creía ayudarían al desarrollo de su país. Su ministro de Interior, Dalmacio Vélez Sársfield, fomentó la extensión de la red telegráfica.



Sarmiento es conocido sobre todo por su política educativa: inició la formación profesional de los maestros, inauguró bibliotecas populares, fundó escuelas de agronomía, creó escuelas primarias en las provincias. En 1943, la primera Conferencia Interamericana de Educación, reunida en Panamá, estableció como Día Panamericano del Maestro en las Américas el 11 de septiembre, día en que falleció Sarmiento.





Rosas declara la guerra a Francia... atacando la educación pública
Desde entonces, la Gaceta cultiva, ensancha, agita y desenvuelve en el ánimo de sus lectores el odio a los europeos, el desprecio de los cuerpos que quieren conquistarnos. A los franceses los llama titiriteros, tiñosos; a Luis Felipe, guarda chanchos, unitario, y a la política europea, bárbara, asquerosa, brutal, sanguinaria, cruel, inhumana. El bloqueo principia y Rosas escoge medios de resistirlo dignos de una guerra entre él y Francia. Quita a los catedráticos de la Universidad sus rentas, a las escuelas primarias de hombres y de mujeres, las dotaciones cuantiosas que Rivadavia les había asignado; cierra todos los establecimientos filantrópicos; los locos son arrojados a las calles, y los vecinos se encargan de encerrar en sus casas a aquellos peligrosos desgraciados. ¿No hay una exquisita penetración en estas medidas? ¿No se hace la verdadera guerra a la Francia, que en luces está a la cabeza de la Europa, atacándola en la educación pública? El Mensaje de Rosas anuncia todos los años que el celo de los ciudadanos mantiene los establecimientos públicos. ¡Bárbaro! ¡Es la ciudad, que trata de salvarse de no ser convertida en pampa, si abandona la educación que la liga al mundo civilizado! Efectivamente, el doctor Alcorta y otros jóvenes dan lecciones gratis en la Universidad, durante muchos años, a fin de que no se cierren los cursos; los maestros de escuela continúan enseñando y piden, a los padres de familia, una limosna para vivir, porque quieren continuar dando lecciones. La Sociedad de Beneficencia recorre, secretamente, las casas, en busca de suscripciones; improvisa recursos para mantener a las heroicas maestras, que, con tal que no se mueran de hambre, han jurado no cerrar sus escuelas, y el 25 de mayo presentan sus millares de alumnas todos los años, vestidas de blanco, a mostrar su aprovechamiento en los exámenes públicos... ¡Ah, corazones de piedra! ¡Nos preguntaréis todavía por qué combatimos!.

Domingo Faustino SARMIENTO, Facundo.





Fomento de la lectura
Cuando he escrito sobre educación, he manifestado mi firme creencia de que la perfección y los estímulos en la lectura pueden influir poderosamente en la civilización del pueblo. En mí no ha tenido otro origen mi afición a instruirme que el haber aprendido a leer muy bien.

Domingo Faustino SARMIENTO, Recuerdos de provincia.

domingo, 17 de junio de 2012

1º CC.SS. - TEMA 16 - Desfile triunfal en Constantinopla

El botín era extraordinario, el más valioso que jamás había desfilado en un triunfo. apilados en esos carretones había millones de libras de plata en lingotes, y sacos de monedas de plata y oro, y cantidades de lingotes de oro, y copas dc oro y fuentes y saleros incrustados de gemas, y tronos de oro y suntuosos carruajes dorados y estatuas de oro, y ejemplares del Evangelio encuadernados en oro y tachonados de perlas, y pilas de collares y cinturones de oro, y armaduras labradas en oro; en síntesis, cuanto objeto lujoso y bello pueda imaginarse, incluyendo antigúedades invalorables de la época en que el rey Geiserico saqueó el palacio imperial de Roma y el templo de Jove en la colina del Capitolio. También había un sinfín de reliquias sagradas: huesos de mártires, imágenes milagrosas, auténticos ropajes de los apóstoles, los clavos de la cruz en que clavaron a San Pedro cabeza abajo... Pero los despojos más maravillosos y venerables eran nada menos que los instrumentos sacros del culto religioso judío, confeccionados por Moisés en el desierto por orden expresa de Dios y más tarde guardados en el templo de Jerusalén. Se los describe en el capitulo veinticinco del Libro del Éxodo: la sagrada mesa para panes de proposción, de madera de shittah, laminada de oro puro, y sus correspondientes cucharas, cuencos y platos de oro; y el candelabro de siete brazos de oro labrado con sus despabiladeras y bandejas de residuos; y el dorado sitial de la Merced, y sus dos querubines de oro al costado con las alas desplegadas. Estas cosas las había robado Geiserico en Roma, adonde las había llevado el emperador Tito después de tomar Jerusalén. El Arca de la Alianza había desaparecido. Algunos dicen que está en alguna parte de España, con otros despojos del templo, en manos de un rey godo.



En tiempos de la República Romana, el general victorioso recorría con sus cautivos las calles de la ciudad y ejercía durante ese día el poder supremo. El rey o reyezuelo enemigo, si lo habían capturado, era ofrecido como sacrificio humano al final de las ceremonias. ¡Cómo han cambiado las costumbres desde esos tiempos heroicos! Observad a Gelimer, libre de cadenas: cuando la procesión llega finalmente al Hipódromo, donde Justiniano le está esperando sentado en el palco real, entra con los demás. Se quita la capa púrpura y, acercándose al trono, hace una reverencia a Justiniano; y luego lo alzan grácilmente y lo perdonan. Le entregan un documento real que le otorga vastas propiedades en Gálata para él y su familia; y, para colmo, el titulo de Patricio Ilustre si accede a abjurar de la herejía arriana. Observad también a Belisario, el vencedor, quien se aproxima al trono, se quita el manto púrpura y se inclina a los pies del Emperador; y no recibe propiedades ni palabras de gratitud, sino sólo la declaración de que ha sabido obedecer las órdenes. Os preguntaréis cómo se comportó Gelimer en esta difícil ocasión. No rió ni lloró, sino que meneó la cabeza, triste y maravillado, y repitió una y otra vez, como un encantamiento, las palabras del profeta del Eclesiastés: "Vanidad de vanidades, todo es vanidad". Poco después se retiró con su familia a Gálata, donde vivió hasta alcanzar la vejez apacible, manteniéndose fiel a la fe arriana. En cuanto a los otros prisioneros vándalos: los más aguerridos fueron organizados en escuadrones de caballería y enviados a la defensa de la frontera persa, pero antes Belisario escogió algunos para su Regimiento Personal. Los restantes fueron usados como obreros para construir iglesias o como remeros de las galeras imperiales.

Robert GRAVES, El conde Belisario, Salvat, Barcelona, 1994.

martes, 12 de junio de 2012

2º CC.SS. - TEMA 11 - A quién había que imitar en el oficio


Hubo grandes diferencias entre mis padres sobre a quién había de imitar en el oficio, mas yo, que siempre tuve pensamientos de caballero desde chiquito, nunca me apliqué a uno ni a otro. Decíame mi padre:

-Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica sino liberal.

Y de allí a un rato, habiendo suspirado, decía de manos:

-Quien no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que los alguaciles y jueces nos aborrecen tanto? Unas veces nos destierran, otras nos azotan y otras nos cuelgan..., no lo puedo decir sin lágrimas (lloraba como un niño el buen viejo, acordándose de las que le habían batanado las costillas). Porque no querrían que donde están hubiese otros ladrones sino ellos y sus ministros. Mas de todo nos libró la buena astucia. En mi mocedad siempre andaba por las iglesias, y no de puro buen cristiano. Muchas veces me hubieran llorado en el asno si hubiera cantado en el potro. Nunca confesé sino cuando lo mandaba la Santa Madre Iglesia. Preso estuve por pedigüeño en caminos y a pique de que me esteraran el tragar y de acabar todos mis negocios con diez y seis maravedís: diez de soga y seis de cáñamo. Mas de todo me ha sacado el punto en boca, el chitón y los nones. Y con esto y mi oficio, he sustentado a tu madre lo más honradamente que he podido.

-¿Cómo a mí sustentado? -dijo ella con grande cólera-. Yo os he sustentado a vos, y sacádoos de las cárceles con industria y mantenídoos en ellas con dinero. Si no confesábades, ¿era por vuestro ánimo o por las bebidas que yo os daba? ¡Gracias a mis botes! Y si no temiera que me habían de oír en la calle, yo dijera lo de cuando entré por la chimenea y os saqué por el tejado.

Francisco de QUEVEDO, Historia de la vida del Buscón llamado don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños.

2º CC.SS. - TEMA 11 - Reflexiones de Guzmán de Alfarache


La riqueza de suyo y en sí no tiene honra, ciencia, poder, valor ni otro bien, pena ni gloria, más de aquella para que cada uno la encamina. Es como el camaleón, que toma la color de aquella cosa sobre que se asienta. O como la naturaleza del agua del lago Feneo, de quien dicen los de Arcadia que quien la bebe de noche enferma, y sana si la bebe después del sol salido. Quien hubiere adolecido atesorando de noche secretamente con cargo de su conciencia, en saliendo la luz del sol, conocimiento verdadero de su pecado, será sano.

Ni se condena el rico ni se salva el pobre por ser el uno pobre y el otro rico, sino por el uso dello. Que si el rico atesora y el pobre codicia, ni el rico es rico ni el pobre, pobre, y se condenan ambos. Aquella se podrá llamar suma y verdadera riqueza, que poseída se desprecia, que sólo sirve al remedio de necesidades, que se comunica con los buenos y se reparte por los amigos. Lo mejor y más que tienen es lo que menos dellas tienen, por ser tan ocasionadas en los hombres. Ellas de suyo son dulces y golosos ellos: la manzana corre peligro en las puyas del erizo.

La Providencia divina, para bien mayor nuestro, habiendo de repartir sus dones, no cargándolos todos a una banda, los fue distribuyendo en diferentes modos y personas, para que se salvasen todos. Hizo poderosos y necesitados. A ricos dio los bienes temporales y los espirituales a los pobres. Porque, distribuyendo el rico su riqueza con el pobre, de allí comprase la gracia y, quedando ambos iguales, igualmente ganasen el cielo. Con llave dorada se abre, también hay ganzúas para él. Pero no por sólo más tener se podrá más merecer; sino por más despreciar. Que sin comparación es mucho mayor la riqueza del pobre contento, que la del rico sediento. El que no la quiere, aquese la tiene, a ese le sobra y solo él podrá llamarse rico, sabio y honrado. Y si el cuerdo echase la cuerda y quisiese medir lo que ha menester con lo que tiene, nuestra naturaleza con poco se contenta y mucho le sobraría; empero, si como loco alarga la soga y quiere abrazar lo que tiene con lo que desea, hincha Dios esa medida, que con cuanto el mundo tiene será pobre. Para el de mal contento es todo poco; mucho le faltará, por mucho que tenga. Nunca el ojo del codicioso dirá, como no lo dicen la mar y el infierno: "Ya me basta". Rico y prudente serías cuando tan concertado fueses que quien te conociese se admirase de lo poco que tienes y mucho que gastas, y no causase admiración en ti lo poco que puedes y lo mucho que otros tienen.

Mateo ALEMÁN, Guzmán de Alfarache.

lunes, 11 de junio de 2012

1º CC.SS. - TEMA 15 - El mercenario oretano


—Soy Publio Cornelio Escipión, de la gens Cornelia, hijo del cónsul homónimo que, junto a mi tío Cneo, dirigió las tropas en Hispania antes que yo y que venció a Asdrúbal Barca en Dertosa. He sido tribuno militar y, por gracia del Senado, ostento el mando superior en Hispania de las huestes del magno pueblo romano.

Adinveles interpretó que Escipión se había presentado de esa forma con la intención de que él hiciera lo propio y, a pesar de haber previsto el encuentro, no tenía preparado ningún saludo. La alcurnia de la estirpe de Adinveles no era tan impresionante y su subconsciente no estaba por la labor de humillarse en su primera entrevista con tan digno personaje.

—Yo soy del no menos orgulloso pueblo de los oretanos, enconados defensores de su libertad. Ya Amílcar Barca, el famoso rayo cartaginés y padre de Aníbal, Asdrúbal y Magón Barca, pereció hace veintidós años en la celada que uno de nuestros reyes, el célebre Orinsino, organizó en amparo de nuestras posesiones. Tengo entendido que vuestro padre murió en la batalla que se produjo cerca de Kástulo, en los dominios de mis hermanos, en la Oretania al sur de la Sierra Lóbrega por cuyo desfiladero, al que vosotros llamáis Saltus Castulonensis, se despeñan bestias y hombres.

Nada más acabar la oración, Adinveles se percató de que sonaba más ruda de lo pretendido y, reconociendo al instante su metedura de pata, trató de enmendarlo aprovechando el estupor de las facciones de Escipión:

—Con ello quiero deciros que tal es la grandeza de mi amada tierra que grandes hombres de grandes potencias yacen en ella. Mi padre también falleció en tierra extranjera, señor.

Escipión arrugó las cejas y retuvo su réplica. No sabía si el oretano le estaba desafiando, si era un bárbaro que desconocía las reglas de la cortesía, si quería insultarle o si buscaba congraciarse con una supuesta orfandad compartida. Lo que resultaba claro es que no se dejaba amilanar por su cargo y fama, al menos aparentemente. De una manera que no llegaba a comprender, le sedujo la respuesta orgullosa del hispano y decidió sacar elementos de juicio de sus siguientes interlocuciones.

—¿Vuestro nombre es?

—Adinveles, disculpad mis malos modos, noble romano.

—¿En qué batalla murió vuestro padre? —preguntó Escipión—: Espero que no fuera a manos de conciudadanos míos. Tengo entendido que era mercenario.

—Lo fue, pero se cansó pronto de la prepotencia cartaginesa, insultó a un capitán y este hizo que lo despeñaran por un barranco.

—No le tendréis mucha estima entonces a los púnicos, supongo —prosiguió el romano con el interrogatorio.

—El insulto fue grave y yo no soy hombre rencoroso. Mi padre tendría que haberse mordido la lengua —replicó el íbero despreocupado—. Lo peor es que no pude darle un funeral digno.

—Entonces, ¿llegasteis a combatir contra nosotros? ¿A cuántos romanos matasteis?

—Puedo aseguraros que no he matado a ningún ciudadano romano en mi vida, al menos que yo sepa. Serví un tiempo a los cartagineses, como pude haber servido a los romanos.

Jesús CALZADO DÍAZ, El mercenario oretano, De librum tremens, Madrid, 2010.

martes, 5 de junio de 2012

2º CC.SS. - TEMA 11 - La historia de Ricote, el morisco



Bien sabes como el pregón y bando que Su Majestad mandó publicar contra los de mi nación puso terror y espanto en todos nosotros; a lo menos, en mí le puso de suerte que me parece que antes del tiempo que se nos concedía para que hiciésemos ausencia de España, ya tenía el rigor de la pena ejecutado en mi persona y en la de mis hijos. Ordené, pues, a mi parecer como prudente, bien así como el que sabe que para tal tiempo le han de quitar la casa donde vive y se provee de otra donde mudarse; ordené, digo, de salir yo solo, sin mi familia, de mi pueblo, y ir a buscar donde llevarla con comodidad y sin la priesa con que los demás salieron; porque bien vi, y vieron todos nuestros ancianos, que aquellos pregones no eran sólo amenazas, como algunos decían, sino verdaderas leyes, que se habían de poner en ejecución a su determinado tiempo; y forzábame a creer esta verdad saber yo los ruines y disparatados intentos que los nuestros tenían, y tales, que me parece que fue inspiración divina la que movió a Su Majestad a poner en efecto tan gallarda resolución, no porque todos fuésemos culpados, que algunos había cristianos firmes y verdaderos; pero eran tan pocos que no se podían oponer a los que no lo eran, y no era bien criar la sierpe en el seno, teniendo los enemigos dentro de casa. Finalmente, con justa razón fuimos castigados con la pena del destierro, blanda y suave al parecer de algunos, pero al nuestro, la más terrible que se nos podía dar. Doquiera que estamos lloramos por España, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural; en ninguna parte hallamos el acogimiento que nuestra desventura desea, y en Berbería, y en todas las partes de África, donde esperábamos ser recebidos, acogidos y regalados, allí es donde más nos ofenden y maltratan. No hemos conocido el bien hasta que le hemos perdido; y es el deseo tan grande, que casi todos tenemos de volver a España, que los más de aquellos, y son muchos, que saben la lengua como yo, se vuelven a ella, y dejan allá sus mujeres y sus hijos desamparados: tanto es el amor que la tienen; y agora conozco y experimento lo que suele decirse: que es dulce el amor de la patria.

Miguel de CERVANTES, Don Quijote, Libro II, Capítulo LIV.


Los moriscos, candidatos al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia
En 2010, se presentó la candidatura al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia de los descendientes de los moriscos españoles. Apoyaron la propuesta un grupo de intelectuales y creadores entre los que se encontraban expertos internacionales en la historia de los moriscos como Bernard Vincent, de La Sorbona de París, o el catedrático emérito de Harvard Francisco Márquez Villanueva, la directora de cine Izza Génini, el Nobel portugués José Saramago, el escritor libanés Amin Maalouf, autor de la novela León el Africano, que cuenta la vida de un morisco granadino del siglo XVI, y los filósofos Sami Naïr (francés) y Reyes Mate (español), el catedrático Federico Mayor Zaragoza, y el escritor Juan Goytisolo, además de más de 1.500 periodistas, actores, políticos y, en definitiva, ciudadanos de todas las creencias e ideologías.


domingo, 3 de junio de 2012

3º CC.SS. - TEMA 15 - American Citizens


Al arribar al aeropuerto de Los Ángeles yo tuve la tonta ocurrencia de hacer una broma, para lo cual me formé en una fila en cuya ventanilla había un letrero que decía claramente: American Citizens. Ahí mostré mi pasaporte y la visa, lo cual motivó una mirada que significaba enojo, recelo, desconcierto o todo ello junto, al tiempo que se acercó un hispano que llegaba en mi auxilio después de haberme reconocido. Entonces permití que éste me ayudara, simulando que yo no entendía ni media palabra de inglés, a pesar de que sí lo hablaba y lo entendía medianamente. Pero aquí transcribo todo en español:

-Ellos preguntan -me dijo el amable hispano- que si no sabías que esta ventanilla es únicamente para ciudadanos americanos.

-Sí -respondí. Y señalando el letrero-: ahí lo dice.

-Pero tú no eres americano.

-¡Cómo de que no! -repliqué-. Nací en México: que está en América.

-Ellos se refieren a la nacionaliddad de norteamericano.

-¡Por eso! -insistí-: México está en Norteamérica.

Roberto GÓMEZ BOLAÑOS, Sin querer queriendo, Aguilar, México, 2006.

viernes, 1 de junio de 2012

jueves, 31 de mayo de 2012

1º CC.SS. - TEMA 13 - El emperador Adriano


La ficción oficial quiere que un emperador romano nazca en Roma, pero nací en Itálica; más tarde habría de superponer muchas otras regiones del mundo a aquel pequeño país pedregoso. La ficción tiene su lado bueno, prueba que las decisiones del espíritu y la voluntad priman sobre las circunstancias. El verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente; mis primeras patrias fueron los libros. Y, en menor grado, las escuelas. Las de España se resentían del ocio provinciano. La escuela de Terencio Scauro, en Roma, proporcionaba una enseñanza mediocre sobre las filosofías y los poetas, pero preparaba bastante bien para las vicisitudes de la existencia humana; los maestros ejercían sobre los alumnos un despotismo que yo me avergonzaría de imponer a los hombres; encerrados en los estrechos limites de su saber, cada uno despreciaba a sus colegas que poseían otros conocimientos igualmente estrechos. Aquellos pedantes se desgañitaban disputándose sobre palabras. Las querellas de precedencia, las intrigas, las calumnias, me familiarizaron con lo que debería encontrar más tarde en todos los círculos donde viví; y a ello se agregaba la brutalidad de la infancia. No obstante llegué a querer a algunos de mis maestros, a esas relaciones extrañamente intimas y extrañamente elusivas que existen entre el profesor y el alumno, y a las Sirenas cantando en lo hondo de una voz cascada que por primera vez nos revela una obra maestra o nos explica una idea nueva. Después de todo, el más grande seductor no es Alcibíades sino Sócrates.

Marguerite YOURCENAR, Memorias de Adriano, Círculo de Lectores, Barcelona, 1988.


Poema del emperador Adriano
Animula vagula blandula,
hospes comesque corporis,
quae nunc abibis in loca
pallidula, rigida, nudula
nec, ut soles, dabis iocos...


Pequeña alma, blanda, errante,
huésped y compañera del cuerpo,
¿dónde morarás ahora,
pálida, rígida, desnuda,
incapaz de jugar como solías...?

martes, 29 de mayo de 2012

1º CC.SS. - TEMA 13 - El rapto de las sabinas



Fue el Palatino, donde se alojaron primero, con el propósito de poblar también en seguida las otras seis que se elevaban en torno.

Más, para poblarlas, tenían que nacer hijos. Y para ello, hacían falta esposas. Y aquellos pioneros eran solteros. Aquí, en defecto de historia, hemos de volver por fuerza a la leyenda, que nos cuenta lo que hizo Rómulo, o como se llamase el capitoste de aquellos tipejos, para procurarse mujeres para él y sus compañeros. Organizó una gran fiesta, tal vez para celebrar el nacimiento de su ciudad e invitó a tomar parte en ella a los vecinos sabinos (o quirites), con su rey. Tito Tacio, y sobre todo, a sus hijas. Los sabinos acudieron. Más, mientras estaban dedicados a apostar en las carreras a pie y a caballo, que era su deporte preferido, los dueños de la casa, muy poco deportivamente, les robaron a sus hijas y les echaron a ellos a puntapiés.



Nuestros antiguos eran muy sensibles en cuestiones de mujeres. Poco antes, el rapto de una de ellas, Helena, había costado una guerra que duró diez años y que acabó con la destrucción de un gran reino: el de Troya. Los romanos las raptaron a docenas y es, por tanto, natural que el día siguiente tuvieran que enfrentarse con sus papas y hermanos, que volvieron, armados, a recuperarlas. Se atrincheraron en el Campidoglio, pero cometieron el imperdonable error de confiar las llaves de la fortaleza a Tarpeya, una chica romana que, dícese, estaba enamorada de Tito Tacio. Abrió una puerta a los invasores, los cuales, gente caballeresca, por lo tanto, refractaria a toda traición, comprendieron la perpetrada en su favor y la recompensaron aplastando a la chica bajo sus escudos. Los romanos dieron más tarde su nombre a las rocas desde donde solían arrojar a los traidores a la patria condenados a muerte.

Todo acabó en un pantagruélico banquete nupcial. Pues las otras mujeres, en nombre de las cuales se había encendido la batalla, en cierto momento se interpusieron entre ambos ejércitos y declararon que no querían quedarse huérfanas, como habría sucedido si sus maridos romanos hubiesen vencido, o viudas, como habría ocurrido si hubiesen vencido sus papas sabinos. Y que ya era hora de dejarlo porque con aquellos maridos, aunque expeditivos y largos de manos, lo habían pasado muy bien. Más valía regularizar los matrimonios, en vez de seguir degollándolos. Y asi fue. Rómulo y Tacio decidieron gobernar juntos, ambos con el título de rey, aquel nuevo pueblo nacido de la fusión de las dos tribus, de las cuales llevó el nombre conjuntamente; romanos quirites. Y como que Tacio tuvo, acto seguido, la gentileza de morir, el experimento de reino a dos marchó bien aquella vez.

Indro MONTANELLI, Historia de Roma, Plaza y Janés, Barcelona, 1996.

miércoles, 16 de mayo de 2012

2º CC.SS. - TEMA 10 - Por qué conquistaron los españoles América


Tres años después del descubrimiento, Cristóbal Colón dirigió en persona la campaña militar contra los indígenas de la Dominicana. Un puñado de caballeros, doscientos infantes y unos cuantos perros especialmente adiestrados para el ataque diezmaron a los indios. Más de quinientos, enviados a España, fueron vendidos como esclavos en Sevilla y murieron miserablemente. Pero algunos teólogos protestaron y la esclavización de los indios fue formalmente prohibida al nacer el siglo XVI. En realidad, no fue prohibida sino bendita: antes de cada entrada militar, los capitanes de conquista debían leer a los indios, ante escribano público, un extenso y retórico Requerimiento que los exhortaba a convertirse a la santa fe católica: "Si no lo hiciereis, o en ello dilación maliciosamente pusiereis, certifícoos que con la ayuda de Dios yo entraré poderosamente contra vosotros y vos haré guerra por todas las partes y manera que yo pudiere, y os sujetaré al yugo y obediencia de la Iglesia y de Su Majestad y tomaré vuestras mujeres y hijos y los haré esclavos, y como tales los venderé, y dispondré de ellos como Su Majestad mandare, y os tomaré vuestros bienes y os haré todos los males y daños que pudiere...".

América era el vasto imperio del Diablo, de redención imposible o dudosa, pero la fanática misión contra la herejía de los nativos se confundía con la fiebre que desataba, en las huestes de la conquista, el brillo de los tesoros del Nuevo Mundo. Bernal Díaz del Castillo, fiel compañero de Hernán Cortés en la conquista de México, escribe que han llegado a América "por servir a Dios y a Su Majestad y también por haber riquezas".

Colón quedó deslumbrado, cuando alcanzó el atolón de San Salvador, por la colorida transparencia del Caribe, el paisaje verde, la dulzura y la limpieza del aire, los pájaros espléndidos y los mancebos "de buena estatura, gente muy hermosa" y "harto mansa" que allí habitaba. Regaló a los indígenas "unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor con que hubieron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla". Les mostró las espadas. Ellos no las conocían, las tomaban por el filo, se cortaban. Mientras tanto, cuenta el Almirante en su diario de navegación, "yo estaba atento y trabajaba de saber si había oro, y vide que algunos dellos traían un pedazuelo colgando en un agujero que tenían a la nariz, y por señas pude entender que yendo al Sur o volviendo la isla por el Sur, que estaba allí un Rey que tenía grandes vasos dello, y tenía muy mucho". Porque "del oro se hace tesoro, y con él quien lo tiene hace cuanto quiere en el mundo y llega a que echa las ánimas al Paraíso".

Eduardo GALEANO, Las venas abiertas de América Latina, Siglo XXI, Madrid, 2003.

domingo, 13 de mayo de 2012

2º CC.SS. - TEMA 10 - Indios pacíficos e indios belicosos

Los taínos
Cuando los españoles llegaron a la isla de Cuba se encontraron a unos indios, llamados taínos, que lo único que hacían era fumar, comer de lo que les daba la tierra, que se lo regalaba, porque allí todo nacía sato, caía una semilla de cualquier cosa en el suelo, y ¡zas!, aquello crecía desaforada y afortunadamente hacia todos los rumbos, con sus frutos, flores, y demás; pescar, fumar tabaco, y hacer el amor. Hacer el amor y no la guerra, avant la lettre. Los taínos eran los seres más pacíficos del planeta, y si nos ponemos, también fueron hippies antes que los mismos hippies se enteraran de lo que quería decir todo aquel relajo. Los taínos eran muy del relajo, la fumadera, y el buen vivir. Los perros no ladraban, dicen, aprendieron a ladrar con los perros españoles, o sea, con los canes que llevaron los españoles, que sí hacían mucha bulla con el fin de aterrorizar. Los taínos, no es que fueran cobardes, eran –como ya dije y repito– pacíficos. Seres de amor y de paz. Cuando vieron que no podían enfrentarse a lo que se les venía encima se plegaron a las órdenes. Los más conscientes del problema decidieron lanzarse desde las rocas hacia el mar, y romperse la crisma en el oleaje.

Zoé VALDÉS, De los taínos a los cubanos.

Libertad Digital, 14 de diciembre de 2011.

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Los caribes
La horda se puso en marcha, dividida en centenares de escuadrones combatientes, penetrando en las tierras ajenas. Todos los varones de otros pueblos eran exterminados, implacablemente, conservándose sus mujeres para la proliferación de la raza conquistadora. Así se crearon los idiomas: el de las hembras, lenguaje de cocina y de partos, y el de los hombres, lenguaje de guerreros, cuyo conocimiento se tenía por un privilegio soberano... Más de un siglo duró la marcha a través de selvas, llanuras, desfiladeros, hasta que los invasores se encontraron frente al Mar. Se tenían noticias de que las gentes de otros pueblos, sabedoras del terrible avance de las del Sur, habían pasado a unas islas que existían, lejos aunque no tan lejos, detrás del horizonte. Y como el tiempo no contaba, sino la idea fija de llegar algún día a la Tierra-en-Espera, los hombres se detuvieron para aprender las artes de la navegación. Las canoas rotas, dejadas en las playas, sirvieron de modelos a las primeras que, con troncos ahuecados, fabricaron los invasores. Pero, como habría que afrontar largas distancias, comenzaron a hacerlas cada vez más grandes y espigadas, de mayor eslora, con altas y afiladas proas, donde cabían hasta sesenta hombres. Y un día, los tataranietos de quienes habían iniciado la migración terrestre, iniciaron la migración marítima partiendo, por grupos de barcas, a la descubierta de las islas. Tarea fácil les fue cruzar los estrechos, burlar las corrientes, saltando de tierra en tierra y matando a sus habitantes, mansos agricultores y pescadores que ignoraban las artes de la guerra.

Alejo CARPENTIER, El siglo de las luces, Seix Barral, Barcelona, 1976.

domingo, 6 de mayo de 2012

1º CC.SS. - TEMA 11 - Los juegos de Olimpia

Sólo una vez cada cuatro años, aquellos griegos divididos en ciudades-estados en eterna pelea entre ellos, sentíanse hermanados por un vínculo nacional. Y este vínculo lo creaba el deporte con ocasión de los juegos de Olimpia.

“Así como el aire es el mejor de los elementos, como el oro es el más precioso de los tesoros, como la luz del sol sobrepasa cualquier otra cosa en esplendor y en calor, así también no hay victoria más noble que la de Olimpia”, escribía Plutarco.





La fecha de la fiesta era anunciada por mensajeros sacros. Miles y miles de hinchas procedentes de todos los rincones se ponían en marcha a lo largo de las siete carreteras que conducían a Olimpia, la principal de las cuales era la Vía Olímpica, camino arbolado que desde Argos hasta el río Alfeo discurría entre templos, estatuas, tumbas y bancales de flores. Podían encontrarse en él, del brazo, a atenienses y espartanos, e incluso grupos de filósofos en paz entre ellos. En el gran estadio, donde había sitio para cuarenta mil espectadores, el programa se iniciaba por la mañana, de amanecida, con un cortejo que surgía de uno de los vomitorios. La primera competición era la más sencilla, pero también la más popular y ambicionada; la carrera de los doscientos once metros. Seguía la carrera doble, o sea de cuatrocientos metros, y por fin el dólico o carrera de fondo de catorce kilómetros.





Luego se pasaba al atletismo pesado, con los luchadores, que han sido celebrados por la posteridad, como ejemplos de gracia y esbeltez. Seguía el pugilato, que no debía resolverse con caricias. Un anónimo epigramista apostrofó así a Estratofón, superviviente de un encuentro: “Oh, Estratofón, después de veinte años de ausencia de su casa, Ulises fue reconocido por su perro Argos. Pero tú, después de cuatro horas de golpes, intenta volver a tu casa y verás qué acogida te hace el perro. Ni siquiera él te reconocerá”.





Las primeras Olimpíadas terminaban aquí. Después, con los años y en vista del éxito, fueron prolongadas con las carreras de caballos en el hipódromo.

Después de la hípica, se volvía al estadio para el pentathlon, el más complicado y distinguido de los juegos. La prueba era combinada: salto, lanzamiento de disco, jabalina, carrera y lucha.

Olimpia siguió siendo la capital del deporte durante más de mil años, o sea desde el 776 antes de Jesucristo al 426 después de Jesucristo, cuando el emperador romano Teodosio II ordenó destruir el estadio.

Indro MONTANELLI, Historia de los griegos, Plaza y Janés, Barcelona, 1996.



Oda olímpica de Píndaro
El agua es bien precioso,
y entre el rico tesoro,
como el ardiente fuego en noche escura,
ansí relumbra el oro;
mas, alma, si es sabroso
cantar de las contiendas la ventura,
ansí como en la altura
no hay rayo más luciente
que el sol, que es rey del día,
por todo el yermo cielo se demuestra;
ansí es más excelente
la olímpica porfía,
de todas las que canta la voz nuestra,
materia abundante,
donde todo elegante
ingenio alza la voz, ora cantando
de Rea y de Saturno el engendrado,
y juntamente entrando
el techo de Hierón, alto, preciado.

Píndaro, Odas olímpicas (traducción de Fray Luis de León).

miércoles, 28 de marzo de 2012

3º CC.SS. - TEMA 12 - El descenso a la mina



El primer viaje al fondo de la mina produjo en los nervios del neófito una ruda impresión, en la que el miedo, bravamente disimulado, hubo también su parte. Al atravesar el recinto minero, alumbrado por la luz violeta de la aurora, fue la curiosidad del nuevo cortador atraída por el espectáculo de la colmena jornalera, que zumbando y arremolinándose a la entrada del coto, la salvaba en montón para dividirse después en grupos que tomaban direcciones varias, según el lugar y faena a ellos correspondientes.

Iban unos grupos hacia los lavaderos, donde el vapor o la fuerza eléctrica ayudan a los trabajadores en el cernimiento y distribución del mineral; otros, a los lavaderos de brazo, donde el músculo es sola fuerza y la humana sangre único combustible; otros, pegándose a las vagonetas con apegamiento moluscular, las empujan por carriles angostos hasta engancharlas a las locomotoras que pitaban y recrujían, despidiendo chorros de vapor, coronándose de humo. Estos grupos penetraban en los talleres donde se funde el plomo y quema el aire, y la escoria líquida se arrastra por los quemantes canalillos en arroyos rubí; aquéllos, convirtiendo en bozal sus pañuelos, entraban en las cámaras condensadoras para recibir los besos mortales del arsénico; cuáles marchaban al desplate, a la purificación última del metal; quiénes, a las fábricas constructoras de balas, para moldear el plomo, para ponerlo a disposición de la muerte. Grupos borrosos se perdían en los desmontes, en las hondonadas, proyectando vagas e indecisas siluetas. El sol naciente, brillando como horno de salud bajo un cielo sin nubes, calentaba, vivificaba los seres y las cosas, proclamando, ratificando con el polen áureo de su luz la eternidad del mundo.

Aquel espectáculo, nuevo para el obrero, le obligó a detenerse. Quedó absorto en su contemplación, siguiendo con ojos y oídos, de par en par abiertos, el zumbido y la dispersión de la colmena. Un recio manotazo le sacó de sus contemplaciones.

-Aquí no venimos a ver; a trabajar venimos y a no desperdiciar minuto. Con que echa pa alante, aprendiz, que nos aguarda el pozo.

Era Bastián quien así hablaba. Jorge echó a andar tras él en dirección del cuarto inmediato a la boca del pozo, donde los mineros toman los candiles encendidos de manos del guardián y cubren sus cabezas para preservarse en lo posible de los pedruscos que desprenden las bóvedas y las paredes subterráneas, el duro sombrerote de cuero.

Jorge, al dirigir sus pupilas a la boca negra del pozo, en cuyos bordes se detenía como acobardada la luz tibia del sol, sintió que el miedo le empujaba hacia atrás. Retrocedió manifestando claramente en su gesto el temor que sentía.

-Cierto -murmuró a su oído con tono de burla Bastián-, cierto que algunas veces el cable se rompe y ¡cataplún! Tó envejece, hasta los cables, y, ya es sabido, los viejos no hacen cosa buena. Pero tú estás de suerte, al menos en este primer viaje; pués bajar en lo que hace hoy sin «canguis»; los cables son nuevos; los han renovao anteayer.

Y Bastián entró en la jaula de un brinco, riendo a carcajadas; los otros hombres de la cuadrilla, los antiguos, siguieron a Bastián; Jorge dio un paso, apretó el candil con sus dedos temblones y se enjauló como los otros.

Joaquín Dicenta, El hampón, Esplandián Editores, Madrid, 1993.

martes, 20 de marzo de 2012

1º CC.SS. - TEMA 10 - Ptahor, el trepanador real, visita al padre de Sinuhé


Ptahor, el trepanador real, llegó en una simple silla de manos llevada por dos esclavos negros. Apoyando la mano sobre el hombro de mi padre, Ptahor subió los escalones de la terraza, yo le vertí el agua sobre sus manos a pesar de sus protestas y le tendí la servilleta. Pero él me rogó que puesto que le había mojado las manos se las secase. Después me dio amistosamente las gracias y dijo que era un buen muchacho.

La velada fue muy confusa, pues mi padre se entregó a la bebida más de lo razonable. Cuando hubieron terminado la jarra de vino, bebieron los vinos medicinales de mi padre y acabaron contentándose con cerveza ordinaria, pues Ptahor afirmaba que no era exigente.

Evocaron los años de estudio en la Casa de la Vida, contaron anécdotas sobre sus maestros y se abrazaron tambaleándose con efusión. Ptahor explicó sus experiencias como trepanador real y dijo que era el último de los oficios para un médico especialista. Pero el trabajo no era penoso, lo cual ya era una ventaja apreciable para un perezoso como él. ¿No es verdad, mi viejo Senmut? El cráneo humano, sin hablar de la garganta y las orejas que requieren los cuidados de un especialista, era a su juicio la cosa más difícil de aprender; por esto lo había elegido.

-Pero -añadió- si hubiese sido un médico enérgico hubiera sido un buen médico ordinario y habría dado la vida en lugar de dar la muerte cuando los parientes están hartos de los viejos y de los enfermos incurables. Daría la vida como tú, amigo Senmut. Sería quizá más pobre, pero viviría una vida respetable y más sobria.

-No creáis una palabra, hijos míos -dijo mi padre-. Estoy orgulloso de mi amigo Ptahor, trepanador real, que es el hombre más eminente en su ramo. ¿Cómo no recordar sus maravillosas trepanaciones que salvaron la vida de tantos nobles y villanos y suscitaron un asombro general? Expulsa los malos espíritus que enloquecen a las gentes y extrae de los cerebros los huevos redondos de las enfermedades. Sus clientes reconocidos lo han colmado de oro y plata, de collares y de copas.

-He recibido dones de parientes reconocidos -dijo Ptahor con la lengua pastosa-. Porque si por azar curo un enfermo sobre diez o sobre cincuenta, no, digamos sobre cien, la muerte de los demás es mucho más cierta. ¿Has oído acaso hablar de un faraón que haya sobrevivido tres días a la trepanación? No, me mandan los incurables y los locos para que los trate con mi trepanador de sílex, y tanto más pronto cuanto más ricos o nobles son. Mi mano libra de los sufrimientos, mi mano distribuye las herencias, las tierras, el ganado y el oro; mi mano eleva un faraón al trono. Por eso se me teme, y nadie osa contradecirme, porque sé demasiadas cosas. Pero lo que aumenta el saber aumenta también el dolor, y por esto soy tan desgraciado.


Mika WALTARI, Sinuhé el egipcio, Debolsillo, Barcelona, 2003.

lunes, 19 de marzo de 2012

2º CC.SS. - TEMA 8 - Las lentes de Guillermo de Baskerville



-He visto en varios países cosas nuevas que se hacen con vidrio, y me han sugerido la idea de un mundo futuro en que el vidrio no sólo está al servicio de los oficios divinos; sino que se use también para auxiliar las debilidades del hombre. Quiero que veas una obra de nuestra época, de la que me honro en poseer un utilísimo ejemplar.

Metió las manos en el sayo y extrajo sus lentes, que dejaron sorprendido a nuestro interlocutor.

Nicola cogió la horquilla que Guillermo le ofrecía. La observó con gran interés, y exclamó:

-¡Oculi de vitro cum capsula! ¡Me habló de ellas cierto fray Giordano que conocí en Pisa! Decía que su invención aún no databa de dos décadas. Pero ya han transcurrido otras dos desde aquella conversación.

-Creo que se inventaron mucho antes -dijo Guillermo-, pero son difíciles de fabricar, y para ello se requieren maestros vidrieros muy expertos. Exigen mucho tiempo y mucho trabajo. Hace diez años un par de estos Viteri ab oculis ad legendum se vendieron en Bolonia por seis sueldos. Hace más de una decada el gran maestro Salvirio degli Armati me regajó un par, y durante todos estos años los he conservado celosamente como si fuesen, como ya lo son, parte de mi propio cuerpo.

Umberto ECO, El nombre de la rosa, Lumen, Barcelona, 1982.

jueves, 15 de marzo de 2012

1º CC.SS. - TEMA 10 - Un alumno de hace cuatro mil años


¿Qué pensaban los estudiantes del sistema de educación a que estaban sometidos? Eso es lo que nos dirá el estudio de un texto muy curioso, con una antigüedad de 4.000 años y cuyos fragmentos acaban de ser reunidos y traducidos.

El estudiante sumerio de quien se habla en el ensayo en cuestión, y que no difiere en gran cosa de los estudiantes de hoy en día, teme llegar tarde a la escuela "y que el maestro, por este motivo, le castigue". Al despertarse ya apremia a su madre para que le prepare rápidamente el desayuno. En la escuela, cada vez que se porta mal, es azotado por el maestro o uno de sus ayudantes. Por otra parte, de este detalle sí que estamos completamente seguros, ya que el carácter de escritura sumeria que representa el "castigo corporal" está constituido por la combinación de otros dos signos, que representan, respectivamente, el uno la "baqueta" y el otro la "carne".

En cuanto al salario del maestro parece que era tan mezquino como lo es hoy día; por consiguiente, el maestro no deseaba sino tener la ocasión de mejorarlo con algún suplemento por parte de los padres.

El documento en cuestión, comienza por esta pregunta directa al alumno: "Alumno: ¿dónde has ido desde tu más tierna infancia?" El muchacho responde: "He ido a la escuela." El autor insiste: "¿Qué has hecho en la escuela?" A continuación viene la respuesta del alumno, que ocupa más de la mitad del documento y dice, en sustancia, lo siguiente: "He recitado mi tablilla, he desayunado, he preparado mi nueva tablilla, la he llenado de escritura, la he terminado; después me han indicado mi recitación y, por la tarde, me han indicado mi ejercicio de escritura. Al terminar la clase he ido a mi casa, he entrado en ella y me he encontrado con mi padre que estaba sentado. He hablado a mi padre de mi ejercicio de escritura, después le he recitado mi tablilla, y mi padre ha quedado muy contento... Cuando me he despertado, al día siguiente, por la mañana, muy temprano, me he vuelto hacia mi madre y le he dicho: Dame mi desayuno, que tengo que ir a la escuela. Mi madre me ha dado dos panecillos y yo me he puesto en camino, me he ido a la escuela. En la escuela, el vigilante de turno me ha dicho: ¿Por qué has llegado tarde? Asustado y con el corazón palpitante, he ido al encuentro de mi maestro y le he hecho una respetuosa reverencia."

Samuel Noah KRAMER, La historia empieza en Sumer, Orbis, Barcelona, 1985.

martes, 6 de marzo de 2012

2º CC.SS. - TEMA 7 - Avicena, el mejor médico del siglo XI


-¿Por qué me has buscado, joven barbero?

-Habladme de la escuela de Persia.

-Está en la ciudad de Ispahán, en la parte occidental del país.

-¿Por qué fuisteis tan lejos?

-¿A que otro sitio podía ir? Mi familia no quería ponerme de aprendiz con un médico pues, aunque me duele reconocerlo, en casi toda Europa mis colegas forman una pandilla de parásitos y bribones. Hay un gran hospital en Paris, el Hôtel-Dieu, que solo es un lazareto para pobres al que arrastran a los desesperados para que mueran allí. Hay una escuela de medicina en Salerno, un lugar lamentable. Por su relación con otros mercaderes judíos, mi padre se enteró de que en los países de Oriente los árabes habían hecho arte de la ciencia de la medicina. En Persia, los musulmanes tienen en Ispahán un hospital que es un auténtico centro curativo. En este hospital hay una pequeña academia donde Avicena forma a sus doctores.

-¿Quién?

-El médico más eminente del mundo, Avicena, cuyo nombre árabe es Abu Ali al-Husain ibn Abd Allah ibn Sina.

Rob le pidió que repitiera la extraña melodía del nombre, hasta que lo memorizó.

-¿Es difícil llegar a Persia?

-Varios años de peligroso trayecto. Viajes por mar, una larga travesía por tierra cruzando terribles montañas y vastos desiertos.

Noah GORDON, El médico, Roca Editorial, Barcelona, 2007.